La crianza respetuosa vista por mi

Cuando me quedé embarazada de Addar, pasé el embarazo navegando por Internet y buceando por libros, leyendo sobre crianza, lactancia, porteo, colecho, etc.

Tenía claro cómo lo quería hacer, tenía claro que quería criar desde el amor y el respeto.

Pero llega el día en que te ponen a ese pequeño ser totalmente dependiente de ti, del que te enamoras a primera vista, y por el que darías la vida desde ese preciso instante, y empieza la ardua tarea.

La crianza respetuosa vista por mi

Y crías con amor, claro que lo haces, solo por el hecho de dedicar cada uno de tus minutos, de tus pensamientos y de tus gestos a esa personita, por esforzarte en esa lactancia que no es como creías, por a pesar de no dormir, del cocktail Molotov hormonal, y de que tu cabeza y tu corazón sean un mar de dudas y de miedos, lo haces, crias, y cada día mejor.

Y es que la crianza, tiene sus sombras, tiene su parte dura, y no, no es como lo pintan los anuncios de colonias infantiles y pañales.

Y además, ¿sabéis que pasa?, que te empeñas tanto, tantísimo y seguir con ese ideal de crianza que te habías imaginado que te olvidas de ti, y ahí es cuando dejas de criar desde el respeto, porque no te estás respetando a ti misma. No te respetas por no permitirte descansar, por no permitirte llorar o flaquea, por creer que debes saber responder a todo, por sentir culpa cada vez que te separas de tu bebé o por desear un minuto para ti aunque sea para una ducha,…

Pero va pasando el tiempo, y sigues criando con amor y respeto, y empiezas a darte cuenta de que eres humana, de que necesitas descansar, de que no lo sabes todo, y de que necesitas cuidarte para cuidar mejor.

Y aceptas que criar es como la vida sin más, caminas, te caes, te levantas, tropiezas de nuevo, aprendes sobre la marcha y de los errores cometidos,…

Y de repente todo fluye, y das gracias a la vida y a tus hijos por darte la oportunidad de crecer como persona y como madre, (y como cocinera, limpiadora, taxista, enfermera,…) con luces y sombras, con mucho amor y consciencia de cada cosa que haces y cada paso que das,… Como la vida.

A ti, madre que me lees, tranquila, lo estás haciendo bien.

Namasté

Por qué?… no lo sé

El otro día, hablando con un compañero de trabajo sobre el blog y su contenido, sobre cómo ha sido mi vida en diferentes momentos (infancia, cambio de colegio, adolescencia, con su revolución hormonal, el despertar de los primeros amores y las primeras visitas a la discotecas y bares de moda incluidos), y de cómo me había enfrentado o lo había vivido desde mi discapacidad.

El me decía que yo no tenía actitud de haber “sufrido” situaciones tipo bulling, que te rechace un chico que te guste, o que te digan “no creemos que seas apta para este trabajo”, y yo le decía, es cierto, no siento haberlas sufrido, pero las he vivido, y por qué no siento que lo haya sufrido, aún habiéndolas vivido, no lo sé.

Y echando la vista atrás, y pensando sobre el tema, me doy cuenta de que somos el resultado de tantas cosas, que sería imposible decir, “soy así por esto”, nuestros genes, nuestros padres, hermanos, compañeros de colegio, profesores, un momento, una canción, una película, una situacion vivida, una frase que marca, …todos, absolutamente todos van dejando huella y haciendo la persona que somos, todos ellos y nuestro propio ser, ese que tampoco sabes de donde, hace que brote de ti esa fortaleza interna que va dando forma a todo eso que va determinando y haciendo la persona que eres.

Y yo, no soy diferente a nadie en ese sentido, todos somos el resultado de una conjunción de muchas pequeñas cosas.

No se si viene muy al caso o no, pero me gustaría terminar este post con una de mis frases favoritas, una de esas que te marcan, y que yo me adjudiqué cómo mantra:

“Y como no sabía que no podía, lo hizo”.