Con mirada de niño

El día que cambié de ciudad y colegio tenía 9 años. Mis padres se habían separado y todo se había desmoronado y había que empezar de nuevo.

Fue cuando también me empecé a dar cuenta de que los demás niños me veían diferente.

Jamás olvidaré el primer día de cole y como a la hora del recreo absolutamente todos los niños del cole vinieron a rodearme y hacerme un corro enorme para preguntarme que me había pasado en el brazo (dije que me había pillado un tren, lo sé, fui muy bruta).

Con mirada de niño
Esta fotografía la hice en Lumbini, Nepal.

En mi anterior cole nadie me preguntaba, habían crecido conmigo y para ellos era normal, no había nada que preguntar.

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Por qué?… no lo sé

El otro día, hablando con un compañero de trabajo sobre el blog y su contenido, sobre cómo ha sido mi vida en diferentes momentos (infancia, cambio de colegio, adolescencia, con su revolución hormonal, el despertar de los primeros amores y las primeras visitas a la discotecas y bares de moda incluidos), y de cómo me había enfrentado o lo había vivido desde mi discapacidad.

El me decía que yo no tenía actitud de haber “sufrido” situaciones tipo bulling, que te rechace un chico que te guste, o que te digan “no creemos que seas apta para este trabajo”, y yo le decía, es cierto, no siento haberlas sufrido, pero las he vivido, y por qué no siento que lo haya sufrido, aún habiéndolas vivido, no lo sé.

Y echando la vista atrás, y pensando sobre el tema, me doy cuenta de que somos el resultado de tantas cosas, que sería imposible decir, “soy así por esto”, nuestros genes, nuestros padres, hermanos, compañeros de colegio, profesores, un momento, una canción, una película, una situacion vivida, una frase que marca, …todos, absolutamente todos van dejando huella y haciendo la persona que somos, todos ellos y nuestro propio ser, ese que tampoco sabes de donde, hace que brote de ti esa fortaleza interna que va dando forma a todo eso que va determinando y haciendo la persona que eres.

Y yo, no soy diferente a nadie en ese sentido, todos somos el resultado de una conjunción de muchas pequeñas cosas.

No se si viene muy al caso o no, pero me gustaría terminar este post con una de mis frases favoritas, una de esas que te marcan, y que yo me adjudiqué cómo mantra:

“Y como no sabía que no podía, lo hizo”.

De culpas y culpables

Nos la inculcamos la hacen sentirnos la autoimponemos,… sentimientos de culpa por esto y por lo otro, responsabilidades sobre nuestras cosas y actos ,pero además sobre las vidas de los demás, sobre sus circunstancias.

Llevo días pensando y reflexionando sobre esto, en un momento en el que siento que tengo que gritar, soltar y despegar, estos sentimientos me han estado frenando, se acompañan de miedos y de dudas, y se hacen fuertes.

Pero yo me siento mucho más fuerte que ellos sólo por el hecho de ser consciente de que están allí, de disponerme a enfrentarlos, a liberarme ,a tomar decisiones que tengan que ver conmigo, con seguir creando y andando mi camino, porque además siento que al hacerlo, estaré contribuyendo a que mis hijos crezcan como personas libres, seguras, sin miedo a tomar sus propias decisiones, a seguir su camino…. y creceré.

Por eso desde hoy camino, digo caminando, liberándome de culpas, soltando miedos, asumiendo mis errores como aprendizajes,… dispuesta a crecer, dispuesta a seguir.

NAMASTÉ (Hoy en mayúsculas)