Porteo

El porteo fue una de esas cosas que llegó a mi vida por pura casualidad, que se convirtió en necesidad y que terminó siendo tan significativo e imprescindible que ha sido en los últimos años mi forma de criar y de vivir, y que hoy día sigue dándome satisfacciones y me sigue gustando cada día más.

Porteo

Conocí el porteo en mis viajes a África y Asia, mucho antes de ni tan siquiera plantearme tener hijos, veía a las madres llevar a sus hijos pegados a ellas, tan a gusto, tan bonito, tan natural, que siempre pensaba: yo llevaré a mis hijos así.

Y si, así tuvo que ser, porque llegado el momento, ya no sólo pensaba en esa parte bonita y natural que tenía muy claro que quería experimentar, sino que me abordó la preocupación de la parte práctica, pues con una sola mano, un bebé,  todos los quehaceres y este ritmo loco y frenético de vida que nos marca la sociedad y que nos auto imponemos no quedaba otra.

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Plastilina casera

¡Otra actividad divertida, fácil y comestible!

Las actividades manipulativas favorecen el desarrollo cognitivo y la motricidad fina y gruesa, además de estimular la imaginación.

Existen varias recetas de plastilina casera, pero a mi me encanta esta porque no implica cocción y se hace en 5 minutos.

Guardándola en un recipiente cerrado dura varios días y la puedes utilizar varias veces.

Es una actividad genial para las tardes de lluvia o las siestas de verano que se va acercando.

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La crianza respetuosa vista por mi

Cuando me quedé embarazada de Addar, pasé el embarazo navegando por Internet y buceando por libros, leyendo sobre crianza, lactancia, porteo, colecho, etc.

Tenía claro cómo lo quería hacer, tenía claro que quería criar desde el amor y el respeto.

Pero llega el día en que te ponen a ese pequeño ser totalmente dependiente de ti, del que te enamoras a primera vista, y por el que darías la vida desde ese preciso instante, y empieza la ardua tarea.

La crianza respetuosa vista por mi

Y crías con amor, claro que lo haces, solo por el hecho de dedicar cada uno de tus minutos, de tus pensamientos y de tus gestos a esa personita, por esforzarte en esa lactancia que no es como creías, por a pesar de no dormir, del cocktail Molotov hormonal, y de que tu cabeza y tu corazón sean un mar de dudas y de miedos, lo haces, crias, y cada día mejor.

Y es que la crianza, tiene sus sombras, tiene su parte dura, y no, no es como lo pintan los anuncios de colonias infantiles y pañales.

Y además, ¿sabéis que pasa?, que te empeñas tanto, tantísimo y seguir con ese ideal de crianza que te habías imaginado que te olvidas de ti, y ahí es cuando dejas de criar desde el respeto, porque no te estás respetando a ti misma. No te respetas por no permitirte descansar, por no permitirte llorar o flaquea, por creer que debes saber responder a todo, por sentir culpa cada vez que te separas de tu bebé o por desear un minuto para ti aunque sea para una ducha,…

Pero va pasando el tiempo, y sigues criando con amor y respeto, y empiezas a darte cuenta de que eres humana, de que necesitas descansar, de que no lo sabes todo, y de que necesitas cuidarte para cuidar mejor.

Y aceptas que criar es como la vida sin más, caminas, te caes, te levantas, tropiezas de nuevo, aprendes sobre la marcha y de los errores cometidos,…

Y de repente todo fluye, y das gracias a la vida y a tus hijos por darte la oportunidad de crecer como persona y como madre, (y como cocinera, limpiadora, taxista, enfermera,…) con luces y sombras, con mucho amor y consciencia de cada cosa que haces y cada paso que das,… Como la vida.

A ti, madre que me lees, tranquila, lo estás haciendo bien.

Namasté